domingo, junio 01, 2008

LA ESTUPIDEZ COMÚN

No creo que haya que ir muy lejos para encontrar pruebas de la immensa e inabarcable estupidez humana. Uno enciende la televisión y se encuentra con que están poniendo Waterworld, quizás una de la más caras y malas películas de la historia. Es una copia deleznable de Mad Max, cansina, aburrida y que desperdicia el gran tema de la escasez del agua en el mundo que vendrà. Y al doble de Kevin Costner le pusieron el peluquín equivocado. Pero ahí está, resurgiendo cada dos por tres en todas las cadenas donde hay un programador de películas sádico.
Vas por la cxalle y te encuentras con que unos operarios están sacando unas maderas preciosas de un piso. Les pregunto si las van a tirar y te dicen que sí. Les dices si te puedes llevar un tablón y te dicen que no. Vuelves a formular la pregunta y te vuelven a decir que no. Preguntas porqué. Te dicen que a ellos les pagan por cargar las maderas en el camión y tirarlas, no por repartirlas por ahí. Miras al encargado que te mira como si estuvieras completamente loca por querer llevarte un trozo de madera de barco precioso que va a ser destruido porque sí, cuando quedaría estupendo de estantería en mi casa. Pero el abismo entre el sentido común y la estupidez se abre entre nosostros y súbitamente carezco de energía para persistir, sobornarle o ponerme como una furia. Pienso en Kundera. Respiro. Cuento hasta dieciocho, porque hasta tres no me sirve.
Últimamente pienso muy a menudo en Kundera y En la broma. Me voy con una pena cansina a comprar una estantería mil veces más cara y más fea a una tienda.
Otra prueba: la Wii de las narices. ¿Cómo es posible que estemos conviertiendo en trillonario al tipo que se a sacado de la manga una tablilla de plástico blanco con un programa que te dice que no estás equilibrado a un precio astronómico? Es más. La Wii vende el jugoso concepto de que adquiriéndola vas a hacer ejercicio quieras o no quieras y te vas a poner en forma vía hipnotismo o por ósmosis subiéndote en la tablilla, cuando en realidad es sólo una maldita tabla de ejercicios de las que se pueden recortar en cualquier revista y que todo el mundo que se precie tiene amarilleando en su nevera tras el imán que regalan con las bolsas de escarola ya lavada. Pues ahí está, agotada en todas las tiendas. Verdaderamente ya no sabemos en que gastar el dinaro. Antes, al menos, pagábamos la cuota del gimnasio, que tiene otra dignidad. Conozco a seres humanos que pagan la cuota del gimnasio, no van ¡y encima se comparn la Wii!


Mi hermosa lavandería, Isabel Coixet
Publicado en el DOMinical de El Periódico, 1 de junio del 2008.

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