LO NATURAL NO ES MATARSE
Según el diccionario de la RAE un accidente es un "Suceso eventual o acción del que involuntariamente resulta daño para las personas o cosas". Por eso la mayoría de lo que llamamos accidentes de tráfico no debería llevar ese nombre. Si dos coches colisionan porque en una glorieta uno de ellos no circulaba por su carril correspondiente y ha cruzado sin avisar, eso no es un accidente. Eso es un hijo puta. Si un jovencito fumado atropella a otro con el smart que le regaló papá al cumplir los 18, eso no es un accidente. Eso es un adicto o un descerebrado. Y si un automóvil se lleva por delante a un ciclista en una curva porque el conductor triplicaba el límite de velocidad permitido, eso no es un accidente. Eso es un cabrón con todas las letras.
De la misma manera, el concepto catástrofe natural debería revisarse, porque la mayoría de las así llamadas no tienen nada de naturales. Por eso Yan Hong, secretario general adjunto de la Organización Climatológica Mundial, afirmó con rotundidad en la 27ª reunión del Panel Intergubernamental del Cambio climático que en este siglo las emisiones de CO2 están ya detrás "del 90% de las catástrofes naturales". Estos gases provienen de la combustión que realizamos los seres humanos, principalmente occidentales, y afectan directamente al delicado equilibrio de la regiones polares del planeta, auténticas reguladoras del clima. Ya ha comenzado la fundición parcial de las placas de hielo de Groenlandia y la Antártida, y los glaciares de montaña han retrocedido. Como resultado, se ha elevado el nivel de los océanos con la subsiguiente inundación de zonas costeras. El cambio en las corrientes marinas ha provocado las olas de calor, sequías, episodios de precipitaciones lluviosas extremas, incendios forestales, etcétera que últimamente son tema diario de las noticias. El cambio climático es el responsable del ciclón de Birmania (100.000 muertos y un millón de damnificados) y del terremoto de China (40.000 muertos). Sí, del terremoto también.
¿Por qué los terremotos? Porque las toneladas de agua que se deshielan empujan a las placas tectónicas. Y con la subida del mar, con el deshielo del Ártico y el Antártico, los terremotos van a ser aún más frecuentes y fuertes. El científico ruso Viktor Bokov -único del mundo que predijo el tsunami del Índico- ya ha probado que existe una conexión entre los cambios climáticos y el sistema sísmico, mediante un sistema basado en el registro de la actividad solar, la localización planetaria de la presión atmosférica, la temperatura del aire, los cambios de velocidad en la rotación de la Tierra y las condiciones sísmicas actuales.
La relación es clara: la Tierra está equilibrando como puede los desajustes que nosotros hemos realizado. Pero no tenemos en cuenta que en este juego llevamos las de perder: somos los seres humanos quienes necesitamos al planeta, y no al contrario. Y si no dejamos de consumir combustible como locos, no nos cargaremos sólo el planeta, sino a nuestra propia especie. Por cierto, no he podido dejar de constatar que cada vez que veo a un cabrón cruzar de carril en una glorieta, o saltarse un semáforo, o cruzar la autopista a doscientos por hora como si fuera Maserati, siempre suele ser el que tiene el coche más grande, el más fardón... y el que más gasolina consume. Por algo los llaman conductores suicidas.
Publicado en el Magazine de La Vanguardia, 1 de junio del 2008.
Simpatía por el débil, Lucía Etxebarria.
martes, junio 03, 2008
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