En este proyecto se conjugan conceptos referidos al tiempo, la materia, el azar y la memoria. A lo largo de los años, el autor recolecta pequeños cadáveres momificados de palomas en distintos puntos de la ciudad de Barcelona, una ciudad compleja en estructura en la que se encuentran múltiples fisuras donde las palomas moribundas se refugian, espacios en los que, una vez muertas, permanecen inaccesibles durante el tiempo necesario para que determinados procesos de momificación natural se desarrollen. Ocultos en marcos de ventanas, en hendiduras de calles poco transitadas, algunos de estos cadáveres se deshidratan de forma natural hasta alcanzar una consistencia similar al cartón. Después del hallazgo casual del primero de estos restos orgánicos, se inició un proceso de localización y recogida metódica que llevó al autor a conseguir un total de 43 cuerpos. Como parte del método de trabajo, el artista documenta todos los puntos exactos de cada uno de los hallazgos, un dato que más tarde resultará crucial en el posterior desarrollo del proceso. Tras su recolección los restos son sometidos a una intensa reconstrucción con el objetivo de favorecer su conservación y posibilitar una manipulación posterior segura y salubre. A continuación se les aplica un recubrimiento con base de níquel y grafito que los convierte en materia metalizada susceptible a recibir baños electrolíticos. En este caso, tras un baño de cobre recibirán un segundo recubrimiento de plata. Mediante este proceso de electrólisis las momias de paloma adquieren la apariencia final con que serán presentadas al público: la materia orgánica queda oculta bajo la hermética superficie de metal "noble" que cubre a la perfección su morfología y preserva su conservación durante un extenso período de tiempo. Como parte final del proyecto, cada una de las momias es devuelta o recolocada en el punto exacto en que fue recogida inicialmente, abandonándola en su posición original sin ningún tipo de identificación o anclaje, disponibilizándola al hipotético transeúnte que localice su presencia y que decida cojerla. De este modo, la posibilidad de posesión de los objetos resultantes de este proceso se inscribe en la esfera del azar antes que en el de la mera transacción económica. Al tratarse de puntos relativamente ocultos, existe la posibilidad de que alguno de estos cadáveres recubiertos de plata permanezca en su ubicación original durante un tiempo indefinido.





Información extraída de http://www.hangar.org/
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